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Cosmos y Biosfera.

El Cosmos: “orden y buen compás”.

Venimos al mundo en un momento dado, en un lugar concreto, y poseemos, al igual que las famosas variedades de vino, las cualidades del año y de la estación que nos vio nacer. La astrología no afirma nada más.

Carl Gustav Jung, extracto de “Seelenprobleme der Gegenwart.“, Editorial Rascher. Traducción propia.

Magnetosfera

Cuatro décadas de astrología (con múltiples apariciones en televisión y prensa) alejada de la arcaica superstición todavía en boga.

Una astrología sin pronóstico de ‘hechos concretos’: la predestinación no existe. Solo se puede hablar de fluctuaciones que modulan nuestro clima interior y con ello, nuestra actitud. Una influencia neutra, ni buena ni mala sino fácil o difícil, cómoda o incómoda.

La Mirada.

La Mirada

Todo paisaje –cualquier realidad dada– cambia de fisonomía según condiciones climáticas. Contemplarlo en una mañana diáfana y fría de invierno, no es igual que verlo al mediodía, a pleno rayo de sol estival cuando las sombras apenas si existen y la atmósfera, saturada de calor, teje, temblando, alguna ‘fata morgana; o, a la hora del crepúsculo cuando todo es ensueño envuelto en mágicos tonos dorado-rojizos; cuando la inclemencia del tiempo trae la blancura de la nieve; cuando llueve melódicamente; cuando la bruma nos envuelve desvaneciendo contornos; o cuando irrumpe la implacable tempestad. Ese ‘personalísimo enfoque’ es el que ilumina y ambienta las cosas todas. Hablamos del mismo paisaje – pero no es lo mismo. Hay ‘miradas’ diurnas y nocturnas – soleadas y nubladas Ninguna es mejor ni peor. Todas ellas tienen su pro y su contra.

La contextura de esa nuestra personalísima mirada del mundo es elemental, primordial, indiferenciada. Exclusivamente la educación y posterior formación ‘fraguan’, en el sentido más estricto de la palabra, esa materia prima para transformarla en algo valioso.

ΔΑΙΜΩΝ, Daimon (El Destino).
Tal como está el Sol ante los planetas que saludan
el día que viniste al mundo, así estas tú conformado.
Y así inmediatamente creces, y prosperas creciendo
conforme a la ley con la que hiciste tu aparición en el mundo.
Así has de ser de ti no puedes huir.
Así ya hablaron sibilas y profetas: ningún mundo,
ni ningún poder hace añicos
aquella forma que solo viviendo evoluciona.

Johann Wolfgang von Goethe, fragmento de “Palabras Primordiales. Órfico.”

Las Fuerzas Elementales.

El canto de la Campana

Friedrich von Schiller, fragmento de “El Canto de la Campana”

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