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Karin Silveyra           

¿A dónde?

Omnipresente e innegable es la eterna repetición de problemas personales y profesionales… ¿Acaso no nos visitan esos intrincados dilemas de la convivencia? Desorientados, a la deriva, engañados, acosados, sumidos en un mar de confusión, envueltos en densa niebla, ¿a merced de la desinformación o tergiversación de los hechos?

Sin rumbo cierto ni consejo alguno, nos falta la brújula. Nadie nos orienta ni nos dice a dónde nos conviene dirigir la nave de la vida. Sólo bostezan el vacío existencial, la bruma, los espejismos o ‘fata-morganas’. En torno a los cuarenta años de edad, nuestra ilusión inicial desvanece. Fenómeno éste ‘trágico pero lógico’, dada esa comentada manipulación de todo tipo de información (arquetipos incluidos).

He visto con mucha frecuencia que los hombres se vuelven neuróticos cuando se conforman con respuestas insatisfactorias o falsas a las cuestiones de la vida. Buscan una buena situación, matrimonio, reputación, éxitos externos y dinero, y permanecen desgraciados y neuróticos incluso cuando han conseguido lo que buscaban. Tales hombres se sumen las más de las veces en una excesiva estrechez espiritual. Su vida no tiene contenido satisfactorio alguno, ningún sentido. Cuando pueden desarrollar una más amplia personalidad deja de existir la neurosis en la mayoría de los casos.

Carl Gustav Jung, extracto de «Recuerdos, Sueños, Pensamientos», Capítulo: Actividad en el Campo de la Psiquiatría. Traducción a cargo de María Rosa Borrás.

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